Si hay algo que le puede gustar a un niño es jugar. No importe en qué momento, lugar o situación se encuentren; los niños querrán jugar siempre.

El juego forma parte de su educación y es una necesidad vital durante su etapa de crecimiento que se convierte, además de en una actividad que ofrece diversión, también en una herramienta imprescindible en su desarrollo físico y psíquico.

Los adultos debemos implicarnos en el juego de los niños. En esta época que nos ha tocado vivir, donde cada vez contamos con menos tiempo para todo, debemos hacer un hueco diario para compartir juegos con nuestros hijos. De ello depende, entre otras cosas, que tu hijo tenga una vida sana y activa.

A continuación os mostramos por qué es bueno jugar con los niños:

  • Jugar con los hijos estrecha los lazos familiares: compartir momentos de juego aporta a los niños seguridad y apego con sus familias. No es difícil comprender que un niño se encariñará con alguien que esté dispuesto a jugar con él.
  • Jugar con tus hijos mejorará su autoestima: cuando un adulto accede a jugar con un niño, este se siente atendido, querido, cuidado. Todas estas sensaciones acrecentarán su autoestima.
  • Educa jugando: los adultos podemos aprovechar el tiempo de juego para inculcar valores a los más pequeños. Que mejor que generar situaciones ficticias en las que podemos hacer que los niños se comporten de cierta manera que deberán imitar en la vida real. Por ejemplo, si jugamos con nuestro hijo a simular que montamos en un autobús, podemos fingir la situación ficticia de que el niño tenga que ceder su asiento a una persona de avanzada edad.
  • Mejora sus habilidades psicomotrices: las manualidades son actividades perfectas para disfrutar en familia y para que el niño desarrolles sus habilidades psicomotrices. Por ejemplo, jugar con plastilina es muy beneficioso en este sentido. También pintar, recortar, pegar, etc.
  • El juego ayuda a gestionar sentimientos: a través del juego en familia el niño aprenderá que no siempre se puede ganar. Que el niño acepte la victoria de otra persona en un juego de competición, por ejemplo, evitará la aparición de sentimientos como la frustración o la desmotivación.
  • Jugar en familia ayuda a que el niño desarrolle sus habilidades sociales y mejore, poco a poco, su capacidad de comunicación y escucha. A través del juego el niño expresará y desarrollará ideas, lo que a su vez estimulará su creatividad.

Jugar con nuestros hijos es una fuente de aprendizaje para ellos.