Muchos de nosotros ya hemos oído hablar en repetidas ocasiones de los mandalas. Otros muchos, no. Para los que todavía los desconocen, los mandalas son unos dibujos formados por figuras geométricas y otros elementos entrelazados y que dan forma a representaciones pictóricas de carácter espiritual. Y pintar mandalas es un fuerte instrumento de concentración con grandes beneficios en el plano educativo.

Pero, realmente, cuánto sabemos de ellos. ¿Qué son los mandalas? ¿Cuál es el significado de los mandalas? ¿Qué procesos cognitivos pueden activarse mediante el trabajo con ellos?

¿Qué es un mandala?

Tradicionalmente, el mandala es una figura asociada a la espiritualidad hinduista o budista. En idioma sánscrito, esta palabra significa “círculo” o “rueda”. Así, la razón de su nombre resulta evidente al hacer una rápida observación de la figura predominante en ellos. A grandes rasgos, un mandala es una representación pictórica del cosmos cargada de un fuerte carácter espiritual y ritual. Su uso está muy asociado a la meditación y a la búsqueda de la esencia fundamental de cada uno, pues trabajar con ellos implica un notable ejercicio de autocontemplación. Espiritualmente, se suele asociar la figura del mandala a la sanación, pero también a la integración y unidad.

La difusión de los mandalas por Occidente tuvo en el filósofo suizo Carl Gustav Jung su principal y primera figura. Desde entonces, su presencia se ha ido haciendo cada vez más notable, hasta el punto de que, en la actualidad, podemos toparnos con su presencia en diferentes ámbitos de la vida cotidiana.

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¿Qué usos tiene un mandala?

Como ya hemos señalado, su figura está directamente relacionada con la meditación, pero también puede aplicarse a otros campos. En el plano didáctico, la aparición del mandala como parte de algunas actividades educativas es ya una realidad en varios centros e instituciones. Su uso puede contemplar varias acciones: desde la simple observación hasta dibujarlos o pintarlos. Entre todas ellas, pintar mandalas es una actividad que ha experimentado una fuerte aceptación, dado lo atractiva que resulta dicha actividad para personas de diferente edad y condición social. Hoy en día, es posible encontrar mandalas para pintar con una facilidad sorprendente.

No existen normas a la hora de colorear un mandala. Cada uno de nosotros lo haremos de una manera diferente, ya que nunca serán iguales los mecanismos que nos lleven a escoger un color o una cadencia determinada. Lo único que prima en esta actividad son los propios preceptos de quien pinta el mandala. Como instrumento educativo, una simple acción, como dar color a un mandala, puede activar determinados procesos cognitivos relacionados con la creatividad, pero también puede ser beneficiosa en otros aspectos. Cada color o combinación de colores tiene un significado, por lo que un mandala puede servir para comunicarnos y expresar ideas y pensamientos, pero también para concentrarnos y superar situaciones difíciles. O fobias, en el caso de los más pequeños.

Los mandalas pueden ser, en definitiva, una herramienta muy válida, en su aplicación como material didáctico.